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lunes, 27 de julio de 2015

La costa Dálmata en Croacia - Dubrovnik y Split



Croacia fue una de las grandes desconocidas para el turismo durante muchos años. Después de superar la horrible etapa de la Guerra de los Balcanes, una acertada política turística colocó al país de nuevo en el mapa y lo convirtió en uno de los destinos mediterráneos más solicitados en la actualidad.

Dos horas de vuelo desde Ámsterdam y la garantía de buen tiempo que tanto echamos de menos este año en Holanda, nos llevaron hace un par de semanas a Dubrovnik, donde pasaríamos un par de días para luego subir en coche hasta Split, saltando antes a alguna de las espectaculares islas que salpican la costa de Dalmacia.

La Perla del Adriático


Dubrovnik está de moda, sobre todo en los últimos años por ser el escenario elegido para rodar las escenas de Desembarco del Rey en Juego de Tronos. El marco es ciertamente incomparable, con sus majestuosas murallas rodeando la ciudad medieval plagada de castillos de aspecto veneciano, sus calles de empedrado, estrechas y cuidadas en detalle. Estos altos muros ayudan a mantener la esencia de la ciudad impidiendo su expansión y manteniendo así esa separación entre la nueva Dubrovnik y el aire tradicional de su ciudad vieja. El laberinto de casas de piedra que aprovechan cada espacio disponible en el interior de la muralla, se ve salpicado por algunos monumentos como la Catedral o el monasterio franciscano, que además de un precioso claustro, alberga en su interior la tercera farmacia más antigua del mundo, abierta en 1317.

Dubrovnik, la Perla del Adriatico


La ciudad no es demasiado grande y se puede ver relativamente en poco tiempo. Personalmente, recomiendo pasar el día en alguna de las playas cercanas y animarse a pasear y a descubrir la ciudad cuando el sol empieza a bajar un poco, momento también perfecto para disfrutar de una rica cena mediterránea y unas buenas vistas. La experiencia de callejear entre muros de piedra con 35 grados al sol, no es demasiado atractiva. Nosotros habíamos alquilado un coche (100% recomendable!) y nos desplazamos hasta Veliki Zal, a unos 15 km al norte de la ciudad. Como decía, ya por la tarde subimos a las murallas que se pueden recorrer en su totalidad (2.000 metros) y conseguir unas vistas espectaculares de todo Dubrovnik y los acantilados que la rodean.

Blue Hole, un paraíso para el buceo


Las playas son en general de piedra, así que mejor buscar una playa con tumbonas o llevar una esterilla. El agua es espectacular, con una visibilidad muy buena que, junto con la cantidad de vida marina y algunos barcos hundidos a poca profundidad, hace de esta zona del Mediterráneo un lugar perfecto para la práctica del buceo. De hecho, como aficionado a este deporte, no dejé pasar la ocasión de realizar un par de inmersiones en nuestra segunda parada, Vela Luka en la isla de Korcula. Sin duda, ha sido mi mejor experiencia hasta la fecha ya que estuvimos explorando las profundidades del Blue Hole y el lugar es sencillamente increíble.

Blue Hole, un paraiso en las profundidades de la isla de Korcula

Para llegar hasta Korcula, hicimos un corto trayecto en ferry desde Orebic. En el camino hay otros dos pueblos amurallados que podemos visitar durante una parada para estirar las piernas: Ston y Mali Ston. Casi todos los barcos que circulan entre las islas del Adriático son de la compañía Jandrolinija. Conviene comprobar los horarios ya que no todos los trayectos son diarios. Una forma sencilla y barata de desplazarse por la zona, con o sin coche.

Split


Nuestra idea inicial era movernos entre islas, pasando de Korcula a Hvar y desde allí otra vez hasta Split en ferry pero tras una temporada bastante estresante de trabajo, lo que más nos apetecía era descansar en la playa y no dar demasiadas vueltas. Por ello, y aprovechando que el único ferry semanal que iba directamente a Split era ese mismo día, decidimos ahorrarnos 4 horas de coche y dos ferries hasta Hvar.

Un rincon cualquiera de Split


La ciudad que sería nuestra última parada en Croacia fue fundada en el siglo IV. Su historia está muy ligada al Imperio Romano ya que la ciudad ha ido creciendo alrededor del palacio del emperador Dioceclano, Patrimonio Histórico de la Humanidad, que hoy en día es el núcleo turístico y mayor atractivo de Split. La ciudad invita a perderse por su casco antiguo, disfrutar de sus mil restaurantes y terrazas al aire libre mientras tomamos un rico helado o escuchamos alguna actuación en directo, o a caminar un buen rato por el paseo marítimo. En verano, el buen clima y el ambiente relado está garantizado.

También es una buena elección para terminar nuestro viaje o como punto de partida ya que desde Split podremos llegar fácilmente a alguna de las islas como Hvar o Brac, al Parque Nacional de Krka o a Trogir, otro precioso pueblo medieval también declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.


miércoles, 13 de mayo de 2015

Curitiba - Jaragua do Sul - Bombinhas - Florianópolis


Tras el inolvidable paseo por las Cataratas de Iguazú, la última etapa del viaje transcurrió por varios lugares del Sur de Brasil. Pasamos un día en Curitiba, ahora un poco más conocida por haber sido la sede de la Selección Española de Fútbol en el pasado Mundial. Es la octava ciudad más grande del país con casi 2 millones de habitantes y uno de los motores industriales de Brasil. Nuestra estancia fue bastante breve y aprovechamos para recorder el Jardín Botánico, dar un paseo por el centro histórico y ponernos las botas con un espectacular rodizio de carne. Llama bastante la atención la influencia alemana en la zona, donde la gente es mucho más rubia y de piel más clara que en el Norte. Incluso hay lugares como el Bar do Alemão que nos harán sentir (casi) como si estuviésemos en Munich durante la Oktober Fest.



Jardines Botanicos de Curitiba


La segunda parada fue Jaraguá, donde vive un amigo desde hace un par de años ya. Es una ciudad muy pequeña que no ofrece mucho al turista. En nuestro caso fue únicamente la escala previa a Bombinhas, una zona más turística con unas playas espectaculares. Aquí tuvimos la ocasión de probar uno de esos deportes que aún tenía en mi lista de pendientes: parapente.


Visitando Jaraguá do Sul desde el aire!


El salto en parapente puso un toque más de aventura a nuestra estancia en Brasil. Con la infinidad de morros que existen en los litorales y las corrientes de aire caliente que permiten mantenerse flotando durante mucho tiempo, parece que el país es bastante propicio para la práctica de este deporte de riesgo. Subimos a la cumbre de unos mil metros de alto en un par de coches tuneados de los años sesenta. Aún parece me parece increíble que fuesen capaces de subir por aquellas pendientes...

En mi caso, la experiencia del salto fue un poco accidentada. En lugar de comenzar "flotando" como debería, hubo una breve (pero muy intensa!) caída vertical desde la plataforma debido a un giro en el último momento del paracaídas. Por suerte se llenó de aire y pudimos remontar el vuelo. Digamos que ver el vídeo del salto asusta un poco...

Finalmente no hubo aterrizaje forzoso sobre las copas de los árboles y pude disfrutar durante unos 30 minutos con unas vistas espectaculares mientras sobrevolábamos la ciudad. A pesar del susto, la verdad es que la experiencia merece mucho la pena.

Salto en parapente en Jaragua do Sul

Desde Jaraguá do Sul nos desplazamos a Bombinhas, una zona de playa situada a dos horas en coche. El buen tiempo había extendido la temporada un par de semanas más de lo esperado. A pesar de todo, las playas estaban bastante vacías y no había demasiado movimiento en los restaurantes y hoteles, lo cual no fue en absoluto una desventaja :)

Me escapé durante medio día a hacer un par de inmersiones con una de las muchas compañías de buceo que hay en la zona. Es muy barato aunque, siendo sincero, hay lugares mucho mejores donde bucear. Aún así, siempre es divertido dar un paseo en barco, volver a ponerse las gafas y las aletas y sumergirse un rato entre peces y corales.

Nuestros últimos días en Brasil fueron en la isla de Florianópolis, un auténtico paraíso con multitud de posibilidades. La isla tiene gran variedad de escenarios, desde lugares icónicos para los surfistas como Praia Mole, la gigantesca laguna de Barra da Lagoa, dunas donde practicar el sandboarding o pueblos de postal como San Antonio de Lisboa. Una buena ocasión para el relax y disfrutar tranquilamente de nuestros últimos días de viaje.


Atardecer en San Antonio de Lisboa (Florianopolis)


Desde Floripa volamos a Río donde tras un último día de compras y relax, pusimos fin a nuestra aventura brasileira. En la agenda se quedaron un par de visitas: una ruta por la inmensa jungla amazónicaFernando de Noronha, otro paraíso natural que me gustaría conocer algún día.

Como resumen, dejo un vídeo del viaje, aunque no hace demasiada justicia a algunos de los increíbles lugares que hemos tenido la suerte de visitar. Próxima parada: Bélgica!